Tecnología al servicio del Medio Ambiente, Resonsabilidades en el Desarrollo Nacional
Vemos como la ejecución de proyectos sin un estudio de impacto medioambiental se llevan a cabo y las autoridades del ramo no hacen si no oídos sordos ante la grave contaminación que afecta a nuestro país, y también en el mundo, en este aspecto surge un nuevo y controversial proyecto minero en la zona del valle del Huasco, se trata del proyecto Pascua Lama de la empresa minera Barrick. Un proyecto que más allá de los claros beneficios que traerá a la zona es cuestionado por la intervención al entorno que tendrá que realizar donde desarrollarán sus actividades, porque para que se concrete se necesita remover – o trasladar - alrededor de 800 mil metro cúbicos de agua en glaciar, esto en términos relativos, corresponde al 0.25% del total de agua en glaciar existente en el valle del Huasco, así como también la utilización del agua de los ríos cercanos a la zona de producción.
El caso del uso de los ríos para la función minera es particularmente importante, pues se trata de utilizar uno de los insumos más valiosos que tienen los agricultores del valle, de esto entonces radica la importancia que la actividad y fines de la minera, no se contraponga con los intereses y fines de quienes, por generaciones, han vivido en el lugar y para que esto no suceda es necesario entender, en primer lugar, que los grandes problemas de la contaminación en el mundo se dan principalmente en la polución del aire, ríos y océanos, los cuales se deben, básicamente, a que no existe una clara determinación de los derechos de propiedad- el aire, los ríos y océanos son de todos y a la vez de nadie- o que no existen los mecanismos para su protección por parte de los gobiernos, en este caso en particular, si llegase a ocurrir que los ríos fueran contaminados de manera que los agricultores de las zonas más bajas del valle del Huasco estuvieran en la imposibilidad de utilizar el recurso hidrológico de forma tal que afectara a sus productos, la responsabilidad la tendría el gobierno, pues sería éste quien no fue capaz de entregar una debida protección del vital elemento en el momento adecuado y así evitar un daño no tan sólo a los agricultores y su fuente laboral, si no que también a la naturaleza, pues esa agua contaminada más temprano que tarde llegará al océano causando aún más perdidas, esta vez, a los pescadores y al ecosistema de toda la región.
Sin embargo lo anterior, no todo es responsabilidad del gobierno, en un segundo lugar, no menos importante, se encuentra el nivel de tecnología con la que cuenta la empresa en cuestión, así como también la tecnología de los agricultores, puesto que si la primera cuenta con un desarrollo tecnológico de primer nivel, entonces estaremos en presencia de una minera que es capaz de extraer libremente los elementos y a su vez, gracias a la tecnología, minimizar el impacto medioambiental, purificando el agua y luego entregarla libre de contaminantes a los caudales naturales de los ríos; por otro lado estaría la tecnología de los agricultores que también podrían maximizar el uso del agua, aumentando con esto su producción. Es tarea del gobierno y la empresa privada entregar las oportunidades para que los agricultores puedan adquirir nueva tecnología. Por otro lado, el Estado debe proteger el agua, vigilando, en lo posible a través de un órgano descentralizado, si la minera Barrick cumple con los estándares internacionales de tecnología capaces, como en este ejemplo en particular, purificar el agua ya utilizada y de esta manera contribuir al mejoramiento de la calidad del medioambiente en la zona.
En la medida que existan los mecanismos de protección necesarios a través del cumplimiento de alta tecnología, en especial cuando se utilizan recursos donde no existe clara definición de propiedad, en ese caso, la naturaleza lo agradecerá pues se manifiesta el interés del privado- que usa esa tecnología- y del gobierno –que se preocupa de la implementación tecnológica- hacia el cuidado de nuestro ecosistema, que, por lo demás, es el único que tenemos.
Javier Silva.
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