Chile, la alegría ya viene…
Como el slogan de fines de los 80’, hemos escuchado en la última cuenta anual del 21 de Mayo, la promesa de un país con respuestas eficientes a las diversas demandas sociales. En un símil con la obra “Esperando a Godot” -en donde se encuentran a dos pordioseros que esperan a un personaje que dentro de la obra nunca llega, en donde, además, un cuarto personaje aparece anunciando su próxima llegada- podemos notar que en este caso, Godot no es más que la promesa de un país en el cual todos queremos participar y donde seamos cada vez menos excluyentes a todo nivel.
En el discurso, Michelle Bachellet no sólo anuncia la llegada de aquel Chile más Democrático, igualitario e integrativo, (promesa ya antigua y conocida) sino que sigue con la misma línea de los anteriores Presidentes de la Concertación, donde insisten, no sólo con la mantención de aquella promesa de alegría que anunció la vuelta a la democracia y ceguera excesiva insistiendo que está todo bien, sino que mantiene las ideas de políticas “Iluminadas” donde las soluciones caen desde lo alto sin escuchar a quienes llega tal decisión.
Tal es el caso de las demandas de los estudiantes secundarios, demandas que no tuvieron respuestas en este discurso más que la conocida frase de que “la democracia fue ganada a rostro descubierto”. Lo realmente extraño, y que llama ante todo la atención, es que con tanta promesa de inversión social ¿Cómo es posible que no se haya dado al menos, una visión más clara ante lo que está sucediendo en nuestro país? Clara es la lógica desaprobación a los actos violentos y delictuales ¿Pero, acaso, no es una actitud autoritaria la que toma el gobierno al no estar dispuesto a hablar con los estudiantes? Cual padre de los años 60 a la rabieta de sus hijos, en este aspecto, el discurso no fue más que una advertencia a ese niño, olvidando, claramente que hace tiempo dejó de serlo.
La educación en Chile, en los últimos 16 años (No mencionaremos los 17 años anteriores por no tener parámetros de comparación) ha ido en notable declive. Podemos encontrar una disociación de la academia con los asuntos públicos, como sucede en el caso de la Universidad y sus funciones sociales, pero también podemos ver cómo la estructura completa del sistema Educacional nos habla de la formación de un Chile que no cumple con un sólido desarrollo integral. La Educación, más que un avance social, es el motor de replicación y perpetuación del sistema socioeconómico, aumentando las diferencias entre los distintos estratos sociales y su consecuente distanciamiento, en otras palabras, división.
Un ejemplo a las soluciones de gobierno, es la gratuidad de la PSU. Para nadie es un secreto que quienes reciben el derecho a PSU gratuita (los 2 quintiles más pobres de la población), históricamente NO LLEGAN A LA UNIVERSIDAD, y si lo hacen, se ven limitados por la falta de recursos, es, entonces claro (por lo menos, para mi) que lo que se intenta cambiar es algo más allá de la gratuidad de una prueba de admisión a la Universidad o la gratuidad del pasaje en la locomoción colectiva, el verdadero problema en este momento, es el sistema educacional por completo, puesto que es de este sistema que depende no solo el avance social de todo un país, sino que las oportunidades de todos los chilenos, y es una vergüenza que se mantengan las mismas demandas hace más de quince años, casi como herencia generacional dentro de los establecimientos.
Es por eso que el Chile de la alegría, prometido en 1989, se ha transformado en el Chile del Bicentenario… y si no se ha cumplido aquella promesa ... bueno, siempre hay escusas para aplazar la llegada de Godot
Chile, la alegría, Ya viene… y ahora, está en la llegada en los 200 años de vida independiente.
Tavita



